Aunque atraído por construcciones poéticas clásicas –e incluso obsoletas, como el sonetillo-, Ando no usa ningún patrón métrico que defina sus poemas; “como cuando era un chaval que, atraído por nuestro pequeño huerto, jugaba con la tierra creando canales y dando cauce de forma espontánea al agua de riego, veo mis versos cómo fluyen por el torrente de la inspiración y se adecuan, sin norma, a una forma métrica o a otra…”.
Asimismo, construye cada uno de los poemas a través de rimas de diferente naturaleza que, como si de un reto se tratase, son cuidadosamente colocadas en diferentes posiciones del verso; “sin llegar al coma etílico, me dejo embriagar por las rimas: un caso inusual en una época en la que la poesía rimada no marca tendencia; sin embargo, una de las funciones de este universal recurso literario es la de comunicar contenidos anímicos (o emociones) que, a su vez, no queden supeditadas a la habilidad del autor para rimar; así pues, escribo mis versos teniendo en cuenta que el lector pueda sentir cómo las rimas usadas ayudan a expresar lo que el poeta siente y a su vez ofrecen riqueza expresiva”.
Cada sinalefa, cada salto de línea y cada inicio o final de estrofa están meticulosamente situados y los recursos poéticos (metáfora, aliteración, sinestesia, hipérbaton, etc.) llenan de color este concierto lírico. Asimismo, cada rima ocupa su lugar para que el ritmo no cese y el poema fluya.
A. R.
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