

En cierta ocasión, Moritake acudió a un encuentro monacal para hacer allí versos encadenados; y a raíz de ello, viendo a los participantes reunidos, compuso este haiku. En él se respira un aire de octubre, mes en que los ‘Kami’ o divinidades sintoístas están ausentes, pues se han reunido en Izumo.
(Traducción del haiku y comentarios: Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala)
